Muchas veces estamos en eventos disfrutando de una gran comida y ni siquiera nos imaginamos las aventuras, preparaciones, preocupaciones y tiempos que hay detrás de cada platillo, pensamos que la gente está en cocina disfrutando al igual que tú del evento.

Simplemente llegamos, y damos por hecho que todo debe de salir bien y no nos ponemos a imaginar más cosas. Pues hoy les voy a contar lo que se vive detrás de un gran banquete.

La planeación es importantísima siempre que tenemos un evento en puerta, las listitas y más listitas empiezan a hacerse: qué tenemos que preparar, quién lo tiene que hacer, qué se debe de comprar… y las listas más importantes de todas, son las que nos recuerdan qué tenemos que llevar al evento y qué NO olvidar.

Pensemos en un evento de 100 personas. Mucha gente cree que empiezas a cocinar ese día desde temprano, pero la verdad es que a veces nos toma 3 ó 4 días de anticipación, o incluso más.

Todo lo que se pueda llevar adelantado al lugar del evento, ayuda muchísimo, ya que nunca se sabe los problemas con los que te vas a enfrentar el mero día. Por ejemplo, que el horno del lugar no sirva bien, o que las estufas tengan poca potencia, o incluso que en un descuido alguien tire la salsa que era la parte principal del plato. Todo, todo, todo puede pasar, y la regla es que el cliente no lo debe de notar. Nosotros tenemos que atacar cualquier problema que se presente para que el cliente ni si quiera se imagine que en cocina se está sufriendo.

Y sí debo de decir lo siguiente, cuando meseros y cocina no son el mismo equipo, ¡híjole! te sacarán canas verdes, por eso es importante siempre contratar el servicio completo, si no, les encanta ponerse el pie los unos a los otros.

En cocina, cuando el capitán dice que inicie el evento, los nervios son enormes, sólo quieres que pase el tiempo rápido y que acabe y todo salga bien, pero para este momento, seguramente ya hemos tenido que lidiar con 2 que 3 problemas. Por ejemplo la luz, siempre causa problemas, por eso ya se carga con plantas de luz, uno de mis más grandes problemas siempre fue ese, conectaba una estufa y una Thermomix y ya el horno botaba todos los switches. Pero sin duda, de los errores se aprende y al final la experiencia te va dando el callo de dejar de sufrir en los eventos, porque al final para ti ese evento tiene que salir PERFECTO.

Así que ese capitán al decir “empezamos”, lleva a todos al límite, a dejar de hablar, concentrarse, notar hasta el más mínimo detalle, empezar a checar cocciones, temperaturas, correr… ¡Sí! correr hasta que incluso te olvidas del cansancio mismo, te olvidas si quieres ir al baño, tienes sed o hambre, sólo piensas en sacar este evento perfecto e ir atacando los problemas, las cadenas de producción ya están formadas, la gente ya sabe sus posiciones, y la cocina empieza a moverse sola, ya que todos están concentrados hasta el momento en el que sale el último postre.

Pero hay eventos en los que puede haber un problema a la mitad del servicio, ¡juro que es lo peor que nos puede pasar!, la cocina se paraliza, perdemos la concentración, queremos resolver el problema pero seguir con los tiempos… y es ahí donde es fundamental la experiencia, el saber como reaccionar, etcétera, ¡ahí se ve todo! Son esos momentos en donde el mejor logra controlar la situación y el comensal dice simplemente un “todo delicioso”, sin saber lo que en la parte de atrás se sufrió y se vivió.

Para quienes servimos eventos con un “qué delicia”, se paga el sudor de los nervios, el cansancio y todo lo que se vive antes y durante un gran evento.

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