Sí, sabemos que tienen hambre, pero el ir a un restaurante es parte de una experiencia que tiene ciertos pasos antes de que tu comida esté frente a ti en la mesa.

Intentaré pensar como comensal. Esa mañana prácticamente no desayunaste porque sabes que vas a ir a comer a tu restaurante favorito, así que cuando llega la hora de la reservación, la verdad es que estamos que no nos aguantamos ni nosotros mismos. Ahora imaginen al pobre mesero que simplemente sigue órdenes de empezar con el clásico “buenos días, bienvenidos a tal restaurante, mi nombre es Ricardo y va a ser un placer atenderlos el día de hoy“ en eso tú obviamente ya interrumpiste porque mueres de hambre, “tendrás la carta” e incluso volteas con tu amiga y le dices “qué tal éste, ¡si quiere que se jale una silla y se siente con nosotros!“ Llega el pobre individuo, alias Ricardo, con la carta y mientras la va repartiendo, intenta explicar la sugerencias del chef, ¡Uy! ya ahí de verdad estás casi que lo matas. Rápidamente —porque es tu lugar favorito y ya sabes qué comer— le ordenas la hamburguesa de siempre, mismo término que siempre y que por favor la traiga lo mas rápido que pueda, Ricardo nervioso corre velozmente a meter la comanda mientras te ve haciendo señales de humo, Ricardo regresa a decirte “sí señora”, y en eso tú “¿qué no nos vas a ofrecer nada de tomar?” ¡Dios mío! mete la comida el pobre señor o te ofrece las bebidas, o no sé qué va a ser de Ricardo.

A qué voy con todo esto, un restaurante hoy en día no solamente intenta cubrir una necesidad básica que es la comida, sino que implica vivir una experiencia que va desde la entrada, hasta la salida. Al planear un restaurante se piensa en todos los detalles, recibirte con una copa de champaña mientras te pasamos a la mesa, presentarse el capitán con más jerarquía, quien a su vez ofrece primero las bebidas, después te presentará a tu mesero que te atenderá el resto de la noche. Lo que se intenta es que te sientas como en casa, que disfrutes no sólo los alimentos, sino todo el entorno, luego se te da como cortesía de parte del chef una pequeña botana para que calmes tu hambre y puedas ya más tranquilo pedir los alimentos con paciencia para escuchar las sugerencias. La comida no llegará antes de 20 minutos de haberla pedido, todo toma tiempo, desde que el mesero toma la orden, va a la computadora a ingresarla, la computadora emite la orden, que a su vez saldrá en la cocina y entra a la fila de comandas que están antes que la tuya por lo tanto es trabajo del mesero distraerte y hacer que esos minutos con sus atenciones pasen más rápidos. Te traerán la bebida, la canasta de pan con mantequilla hecha en casa seguida de una explicación, todo para que sientas menos el tiempo de preparación de los alimentos, y cuando lleguen, ¡a disfrutar!

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