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Dos leyendas en una misma

Cuenta la leyenda… que los mexicanos poseían el mejor de los regalos para garantizar su sustento: el maíz. Pero carecían de un alimento que les proporcionara placer y gozo, por eso los dioses acordaron brindarles algo que los hiciera propensos al baile y al canto.

Fue Quetzalcóatl quien decidió que sería una bebida intoxicante la que traería placer a sus vidas, por lo que contactó a Mayahuel, diosa del maguey. Entonces Quetzalcóatl la convenció de bajar a la tierra y juntos amarse convirtiéndose en un árbol bifurcado.

Al enterarse de esto, la abuela de Mayahuel estuvo en desacuerdo, por lo que al despertar y no ver a Mayahuel mandó a varias ‘Tzitzimitl’ —deidades femeninas monstruosas— a la tierra para que acabaran con los dos. Al verlas acercarse, Mayahuel se separó del árbol, pero ya era muy tarde, terminó despedazada. Quetzalcóatl permaneció callado e intacto hasta que pasó la bulla, tomó los restos de su amada virgen y los enterró. Y de ahí nació el maguey, planta de la que brota el tequila, bebida de rituales y ofrenda para los dioses.

Al paralelo, cuenta otra leyenda que hace muchos años, Dios se encontró con todos los animales y decidió concederles un solo deseo, fuera cual fuera podrían contar con él. Cada uno de ellos fue pasando con el ser supremo a hacer su petición, el perro se acercó a pedirle la dulzura de convertirse en el mejor amigo del hombre, el león pidió ser el animal más poderoso de la selva, la catarina quiso volar y que se considerara de buena suerte para los humanos posarse sobre ellos y que no quisieran matarla… y así fueron pasando todos y cada uno de los animales. Finalmente, fue el turno de la abeja que pidió ser muy organizada, que lograra grandes cosas, que pudiera con adversidades y que formara un imperio para crear cosas en beneficio de la sociedad. Y así, después de mucho pensar Dios, concedió a la abeja el poder de vivir y trabajar en comunidad, pues una comunidad junta, con los mismos sueños y las mismas metas, llega mucho mucho más lejos.

De esta manera, en tierras Jaliscienses nació tequila Patrón, operado por abejas trabajadoras con una organización perfecta y un mismo fin: hacer el mejor tequila de esa tierra, una bebida que habla de la historia de cada una de ellas, que habla de unión, compañerismo, organización y comunidad. Un tequila que gracias a todas ellas ha logrado romper esquemas y traspasar fronteras. “Orgullo de México que el mundo reconoce”.