CASTAÑAS, OLOR A NAVIDAD…

Publicado el
01 de
diciembre
,2020
Por am.chef

Para celebrar la Navidad, existe un fruto típico, originario del mediterráneo europeo, que permeó durante un largo tiempo en la celebración de muchas partes del mundo, una de ellas México. Este fruto se cosecha en otoño (hasta finales de diciembre) y en ciudades como Londres, Lisboa, Madrid y muchas otras de Europa, inunda las calles con un aroma a un dulce tostado que es sin igual. Hoy les cuento sobre las castañas y su olor que nos recuerda a la Navidad.

Las castañas o lo que conocemos como tal y comemos, son unos botones de color blanco/amarillo que se recubren con una telilla café aterciopelada que protege ese dulzor que tanto nos gusta. Pero además, se recubre con una coraza verde, llena de espinas, encargada de proteger ese tesoro que lleva dentro. Las podemos encontrar y comer crudas, secas y en salmuera, pero lo más común y lo que nos hace tener ese recuerdo quizás en la casa de los abuelos o de caminar por una zona en la que la Navidad tiene una vida latente, es comerlas tostadas, suaves, calientitas, lo que es ideal para la época de frío y con un intenso sabor.

Años atrás, las castañas no podían faltar en la cena de una gran mesa navideña. Eran uno de los lujos más apreciados para disfrutar en este día y consentir a los nuestros, pero eso se ha perdido. Para empezar, no es un fruto barato, llegar a su centro dulce es un trabajo ejemplar, se podría comparar a pelar una nuez de Castilla para hacer unos buenos chiles en nogada, simplemente es un esfuerzo que cuesta.

Por lo mismo, en su zona originaria europea, muchas personas se colocan su delantal y estacionan su carrito en alguna calle transitada de la ciudad, comúnmente en algún lugar turístico, en el que tuestan sus castañas para hacer que el aroma hipnotice a los transeúntes y no se puedan resistir a disfrutar de un cono de castañas tostadas para disfrutar de su paseo y agarrar un poco de calor. Esta es la forma en que las personas la consumen últimamente, ha pasado de ser un lujo de una mesa de Navidad, a un clásico “street food” de la época.

En Italia, fue donde se comenzó a cultivar la castaña desde tiempos ancestrales y el conocimiento se fue pasando de país en país hasta que toda Europa dominaba la práctica.

Hoy encontramos muchos subproductos de la castaña que sirven para hacer muchas preparaciones distintas, harina de castañas, que es simplemente castaña molida, crema de castañas, que es un tipo “spread” para comer con un pan por las mañanas y café o conservas que pueden ser dulces o en salmuera. Aunque la forma más apreciada hoy en día es con el exitoso “marrón-glacé”, un producto que la repostería francesa hizo exitoso y que hoy se producen toneladas en Galicia, simplemente una castaña cristalizada al punto que se vuelve un dulce en la boca, son peladas, confitadas y glaseadas, y son mis favoritas para hacer cualquier postre navideño que se puedan imaginar.

Si llegamos a comprar castañas en el mercado o súper, es muy importante saber conservarlas pues a quien no le ha pasado que después de unos días, con mucha emoción, abrimos una castaña y tiene moho, incomible, evitemos esta tristeza ayudándolas a mantenerse lo mejor posible. Para que una castaña dure, se deben de conservar en un lugar fresco, seco y que no tenga acceso de insectos, y jamás en bolsa de plástico, siempre en un a canasta o una bolsa porosa para evitar la humedad. Ahora, que si ya las pelaste o cociste, pueden durar unos días dentro del refrigerador.

Hoy inicia diciembre y los invito a comenzar esta época disfrutando uno de los sabores y aromas que han caracterizado a la Navidad a lo largo de tantos años… recuperemos tradiciones y tengamos momentos memorables para vivir en las Navidades por venir.