Croacia

Publicado el
12 de
febrero
,2019
Por am.chef

En la historia de la gastronomía, existen distintas cocinas que se han ido desarrollando por medio de un intercambio cultural y de conocimientos transmitidos entre regiones, mucho de esto se ha generado a través de las guerras y la creciente globalización del mundo. Hoy, tenemos cocinas que se forjaron por una fuerte influencia proveniente de otras culturas y sus gastronomías, como es el caso de la cocina croata.

Estar en Zagreb es indispensable para verdaderamente conocer la esencia de Croacia. La capital, te enseña los rezagos que dejó la guerra de independencia a Yugoslavia en los 90’s, te introduce a la amabilidad que tienen los croatas con los otros y es la ciudad indicada para apreciar la oferta gastronómica típica croata en todo su esplendor.

Como dicen, no hay nada como un buen desayuno para empezar el día con energía, y nada mejor que un delicioso shakshuka de Eggspress. Por otra parte tenemos el pan tradicional croata: burek sa sirom, que es un pan hecho en capas, delgado y crujiente por fuera, pero suave y grueso por dentro, relleno de queso y crema agria.

La gastronomía croata, lo crean o no, tiene muchas semejanzas con la mexicana, no en un sentido de sabor ni ingredientes, pero sí en su forma de expresión. Por ejemplo, por las calles del área histórica de Zagreb, encuentras puestos que venden desde palomitas, hasta granizados, así como elotes dulces tatemados.

También es importante destacar lo sano que comen en Croacia, se usa mucho comer de la tierra al plato y tienen un fuerte rechazo por el fastfood. Su gastronomía tiene una importante influencia de la cocina italiana, y otra parte por la alimentación de Medio Oriente. Los platillos típicos croatas abundan en pasta, gnocchi, carpaccios, estofados y el tradicional Strukli.

En Ban Jelačić, o la plaza central de la ciudad, se encuentra un mercado que no sólo promovía el movimiento gastronómico healthy, vegano y Ayurveda, sino que pone énfasis en la promoción del comercio justo con los productores locales. Como siempre he dicho, todo vuelve al origen, y un ejemplo de esto es el “farm to table”. En este mercado pueden encontrar un superfood que no sólo tiene propiedades fantásticas para la salud, sino que está ¡delicioso!, el ajo negro. Este ajo, producido por Crni Kralj, pasa por un proceso de fermentación de 60 días, en dónde la cabeza del ajo se introduce en una cámara que regula la temperatura y la humedad para conseguir un sabor único y la consistencia perfecta.

Si lo que quieres es probar una clásica Strukli, la recomendación es ir a La Štruk por una Strukli Sir Slani, que es la típica con queso salado. Este platillo es parecido a una lasagna italiana, sólo que en vez de pasta se usa una masa parecida a la de un bollo de pan y la salsa es pura crema, que además se puede acompañar de deliciosa trufa, producto abundante en todo el país por su enorme producción en la región de Istria (área centro de Croacia). Con decirles que hasta papas fritas y chocolates con trufa pueden encontrar.

Cuenta la leyenda, que un niño croata enamorado le hizo una galleta de pasta de jengibre en forma de corazón a su enamorada y en él escondió un espejo. Con esto el niño le regaló su corazón y le dijo que de esa forma, ella siempre vería su reflejo en él, pues ahí pertenecía. Esta leyenda, es la típica historia que le gusta escuchar a los turistas y que promueve al corazón de jengibre como el souvenir ideal. Por su proceso de elaboración, este corazón de jengibre forma parte de la lista representativa del patrimonio cultural intangible de la humanidad. Aún cuando nadie sabe si la historia es verdad, sí considero que es una fiel representación del romanticismo y la libertad que se respiran en este increíble país, pues su gente es buena, buena, buena, hasta el centro de su corazón croata.