Libertad con creatividad

Publicado el
03 de
diciembre
,2019
Por am.chef

Hace un tiempo recibí una invitación que me emocionó mucho pero a la vez me conmovió. No fue a un evento social, ni a un plan con mis amigos, ni tampoco algo relacionado a mi trabajo, a cocinar y servir. Fue una invitación a participar en un proyecto social, pero no cualquier tipo de proyecto social, sino que el evento consistía en ir a compartir vivencias y alguna receta con las mujeres del penal de Santiaguito, en Almoloya de Juárez.

La invitación llegó por parte de Tatiana Ortiz Monasterio quien con su proyecto “Plan B”, promueve un pago justo por la mano de obra de reclusas que buscan tener un trabajo mientras cumplen su sentencia para seguir proveyendo para sus hijos y familia. Plan B busca aportar conocimiento y seguridad para una exitosa reinserción social de estas mujeres a la sociedad en cuanto cumplen con su condena y salen del reclusorio.

La sensación al estar en la prisión fue mezclada totalmente, pero en eso ahondaré más adelante. Lo que quise hacer ahí fue una receta que las reclusas pudieran replicar e incluso vender para poder tener un ingreso, entonces decidí que les haría una receta especialmente para su uso y elegí croquetas de arroz con leche.

Esta receta cuenta con ingredientes que sí tienen a su alcance y que al momento de salir de la prisión, implicará un costo bajo que les puede permitir continuar con su labor. Todas estas mujeres que asisten a los eventos de “Plan B” dentro del reclusorio tienen una cosa en común, ganas de superarse y sacar adelante a su familia. Ganas de esperar a un futuro que no implique depender o vivir en carencia y eso les aplaudo.

Desde el momento uno en el salón de enseñanza, que es un espacio hecho por “Plan B” para la impartición de cursos y establecida como área laboral sobre uno de los espacios abiertos de la prisión, la experiencia fue alegre, divertida y llena de risas. Por supuesto que mi visita, y cualquier visita del tipo, cambia totalmente la rutina de las reclusas y eso lo agradecen enormemente.

Eso sí, no todo es color de rosa, al final están dentro de la cárcel, sea por lo que sea y las carencias dentro son enormes y se respira nula libertad. La mayor parte del área de la cárcel son espacios abiertos, pero dichos espacios tienen muy regulados los horarios de uso. Todos los días, las mujeres despiertan, pasan lista, se visten, pasan por su comida y comienzan el día. Dependiendo el día tienen ciertas actividades y se deben de encargar de sus tareas dentro de la prisión. Las que son mamás tienen un tiempo con sus hijos en el que pueden estar afuera, al aire libre, quizás jugando. Habrá las que hacen un poco de Yoga, las que tejen y un equipo dentro de la cocina que se encarga de preparar los alimentos para las 350 reclusas que viven entre esas muchas paredes.

La verdad es que al entrar al reclusorio, el sentimiento es muy raro. Mezclas un sentido de incertidumbre e ignorancia, por no saber qué sucede exactamente entre esas paredes, todo está entre rejas y tienes torres en cada esquina con un policía y su arma apuntando hacia todas partes. Sí da nervio, y aunque los oficiales son amables y te dan un acceso cómodo y seguro,  nunca vives una sensación de paz ahí adentro.

Volvamos a las croquetas de arroz con leche. Paso a paso les fui enseñando cómo hacer esta receta y la verdad es que la mayoría de ellas ¡ya tenían la suya! Entonces aunque yo les di la receta impresa, con foto y todo especificado, pues ellas querían meterle de su cosecha y ¡me encantó! Pues eso es la cocina, crear, innovar, rehacer, modificar, ponerle tu toque a todo.

Mi parte favorita fueron las ganas de compartir que tuvimos entre todo el equipo y las mujeres de “Plan B”. Las risas no pararon, los chistes, la buena onda y excelente vibra. Esta actividad al final es hacer contacto con un lado humano lleno de compasión que sobrepasa cualquier juicio y busca dar un poco de lo bueno que se tiene, tanto interno como externo. Lo que sucedió fue mágico, por dos horas dentro de la cárcel respiramos una libertad a través de la creatividad, de cocinar, de inventar e innovar. Se dejó de sentir como una prisión, para sentirse como un plan con amigas y gente conocida que se tomó un tiempo para compartir.

No tengo palabras más que de agradecimiento y admiración hacia todas esas mujeres que buscan seguir adelante y ser mejores día a día. Como lo dije en el reclusorio y cito “…en la cocina siempre pasa que cometes un error y pues toca decir me equivoqué, lo hice mal, lo sé y aprendí, ahora toca seguir y la siguiente vez lo haré mejor, lo haré bien…”. Qué difícil es tomar esta postura en un lugar como este, sin saber los motivos por los que cada mujer está ahí. Lo que sí puedo decir es que no importa, porque ahí adentro todas somos iguales, las reglas del juego cambian, todas compartimos y lo último que muere es la esperanza, la esperanza de que existe algo mejor, es duro pero cierto y ante mis ojos, esa esperanza la debemos de sentir todos y convertirla en realidad para cumplir lo que sea que busquemos conseguir, sueños y metas.